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Visiones presenta su nuevo disco homónimo: un verdadero disco de rock local made in el oeste

El primer disco largo de Visiones tiene varias cosas que invitan a poner el oído antes que el ojo. Si bien esta es la primera y única condición necesaria para escuchar un disco, encontrar obras de estas características -en 2026- es parte de una verdadera travesía por el desierto, donde todo parece ser emocionalmente muy caro. Esto es solo para apasionados.

La banda se propuso realizar un long play que integre diferentes elementos de la música tal como la conocemos dentro del universo del rock. Es decir, recuperando elementos de la canción, de la psicodelia y del rock de los setenta. Aunque también es preciso destacar los elementos del pop que atraviesan todo el disco como una sensibilidad particular de la banda. Entre todo eso, aparecen también la distorsión propia del stoner y del blues pesado, expresada en el uso del fuzz y en una determinada forma de tocar las guitarras que, en algunas partes del disco, merece una mayor atención y adquiere especial relevancia dentro del conjunto.
Esa idea del pop aparece materialmente vinculada a cierta estética wave (por decirlo de alguna manera) y los Beatles. Para no caer en reduccionismos, no se trata solamente de los sintetizadores y de las reminiscencias más cercanas al rock argentino de los ochenta. Más que un recurso, es una forma de mirar y de construir las canciones que Visiones sostiene durante casi todo el disco. Esa es la sensibilidad que constituye el eje central con el que hay que escuchar el disco.

Las guitarras acústicas, las teclas, las melodías y los arreglos vocales se amalgaman muy bien con el imaginario de atmósfera mugrienta que tiene el disco. Suena algo así como si estuvieras escuchándolo mientras viajás en un tren atemporal, donde aquello que suena en los parlantes del vagón convive con las personas que viajan allí y que, de tanto en tanto, se acercan para mostrarte discos que van desde los sesenta hasta hoy. Sin embargo, ese tren es el mismo y está diseñado, fabricado y ensamblado en Argentina.

Los temas preferidos de este sello son ”La Realidad” y “Sin Dios”. Estos dos temas son diferentes entre sí y no constituyen todo el espectro sonoro y estilístico del disco, pero tienen mucha razón. La Realidad es ruidoso, tiene slide, delays largos, una letra genuina y mucha mugre: es lo que más nos gusta. Hay una guitarra dronera que se mezcla con la cabalgata, esa energía que constituye el espíritu de este estilo que llamamos rock. Una cabalgata que se convierte en un viaje en moto, porque esa es la evolución del caballo. Moto que es medio auto descapotable porque hacia el final se escuchan unas teclas medio sacadas de contexto que terminan de elevar un minuto instrumental hasta su clímax máximo.

Por otra parte, Sin Dios es un tema amenazante pero tranquilo. Un bajo que hace lo que tiene que hacer (y unas piruetas de más), unas teclas y guitarras que cumplen y acompañan ese grooveo que, por momentos, se vuelve medio latino o futurista latino. Un gran detalle de percusiones hace que la cosa avance como con vaselina por el conducto auditivo, listo para sentir lo que se siente cuando la velocidad se traduce en una ligera brisa que te impacta de lleno en la cara.

PD: van a presentar este disco el 29 de agosto en Espacio Laberinto (Morón). Tickets directamente con Visiones.

La segunda fecha, es el 5 de septiembre en VIVA PSICODELIA VOL II, en El Emergente Almagro.

PH: @andaira.ph