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Un aplanadora de rock furioso encendió el Atenas en medio del invierno platense

Por Juan Vera Visotsky

Fotografía por Alexis Salerno

Divididos dio un épico show con muchos temas homenaje, clásicos de la banda y de sumo en el cumpleaños número 65 de su guitarrista y fundador. Mollo, Arnedo y Catriel, una aplanadora a la que los años solo le dan más y más potencia sonora.

Para muchas y muchos fanaticxs los recitales de Divididos son como ver esa película que no te cansas de ver una y otra vez. Hay escenas que se viven siempre con la misma emoción y alegría (Mollo tocando con una zanahoria o una zapatilla; Catriel destrozando la batería con un solo previo a que suene El Arriero; pogos inolvidables con temas de Sumo) pero es el ida y vuelta entre Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Civarella con el público lo que hace especial a cada show y lo vuelven un espectáculo de la música argentina.

La noche del sábado 20 de agosto, pasadas las 21:20, el estadio Atenas de La Plata cerca de 4000 almas rugieron al ver las luces apagarse mientras Catriel se acomodaba en su silla, Arnedo enchufaba su bajo y Mollo saludaba a las y los presentes. Las canciones “Hombre en U” y “Buscando un ángel” que abren el disco “Amapola del 66” sirvieron esta noche de plato inicial en el banquete de “La aplanadora”. 

Mollo y Arnedo llevan casi 40 años tocando juntos y en ese tiempo han convocado público joven de todas las generaciones. En sus shows, al igual que en los de otras bandas emblemáticas, el público está integrado por gente de todas las generaciones: desde mujeres y hombres mayores cantando clásicos como “El ojo blindado” o “Haciendo cosas raras” a coro con sus hijxs, hasta jóvenes provenientes de otras localidades del conurbano bonaerense, donde la banda tiene su hinchada más fiel. Algunas barbas peinaban canas en medio del pogo junto a algún que otro pibe que todavía no tiene edad para comprar la cerveza que se tomó antes de entrar. 

La banda decidió dedicar los primeros minutos a canciones homenaje: “El ojo blindado” (tema propio, pero de la época de Sumo), “Un mundo de sensaciones” (el 19 de agosto, es decir un día antes, había sido el cumpleaños de Sandro) y “Salgan al sol” (Billy bond y la pesada del rock and roll, 1971) salieron una atrás de la otra; y más tarde vino “Sucio y desprolijo”, la cual despertó el canto de “Papo no se murió, está cantando con Luca para los pibes de Cromañón”.

En las primeras canciones Mollo usó una SG con estética amaderada. Diego Arnedo parecía un robot cuyos dedos se mueven ocupando los espacios sonoros bajos de absolutamente todo el microestadio. Catriel reproducía con su boca el sonido que hace la batería, como si le estuviera ordenando cómo sonar y ella le hiciera caso.  

El sonido hizo honor al título que la banda se ganó desde sus primeros años: una aplanadora de sonido fuerte, potenciado por los decibeles de los equipos pero sobre todo por la coordinación de reloj suizo de los músicos. Azulejo la engancharon con “La rubia tarada” y la noche adquirió una épica singular con el grito del final “pa pa parabará, barú burá, barú burá” a coro de toda la gente presente.  

Antes de tocar “Qué tal” Mollo se colgó una Strato. Amagaron con empezar, pero el público se les adelantó y comenzó a cantarla. Arnedo y Catriel se acoplaron al canto del pogo, después se sumó Ricardo. Además de la SG y la Strato Mollo usó también una Ephiphone cajonad, una Jaguar y una Les Paul. Con Rasputín el guitarrista ralló una zanahoria que le tiraron, a la cual luego le dio un mordisco. Le cantaron el feliz cumpleaños y un flaco de entre el público le quiso hacer llegar un alfajor con una vela, en un ejemplo gráfico de la cercanía de la banda con el público.

“Antes del recital un grupo de mujeres se acercó a hablarnos de una situación. Hay gente que viene a los recitales a tocarles el orto», dijo Mollo en referencia a las pibas de la agrupación “No me toques”, un grupo que se dedica a visibilizar y denunciar la opresión y los abusos dentro del público rockero. La banda se solidarizó con esta causa e incluso una chica le alcanzó un pañuelo verde con la leyenda “No me toques” que el guitarrista mostró y ató al micrófono. 

En medio del recital un cacho de techo del lugar casi se cayó en la parte del escenario en la que Ricardo Mollo deambulaba. El público le gritó al guitarrista, que por sus audífonos no les prestó atención hasta que el propio Cóndor le hizo una seña con los ojos mientras tocaban. Por suerte no hubo nada que lamentar. 

La noche contó con clásicos de la banda de la talla de “Spaghetti del rock”, “Par mil”, “Casi estatua”, “Amapola”, “Paisano de Hurlingham” y la épica “Crua chan”. “El 38” y “Ala delta” no faltan casi nunca; y “Cielito lindo” salió al final para dar cierre, no sin antes sumar improvisadamente a la lista “Banderitas y globos” de Sumo, aunque en un momento amagaron con tocar “No tan distintos”.

El final de la película, repetido pero emocionante, tuvo a Catriel y al Cóndor zapando sobre el sonido en loop de un rasguido de guitarra que dejó Mollo para poder bajar a repartir púas de la banda en las manos de los afortunados y afortunadas que estaban contra las vallas. Catriel tiró los palillos con los que combatió contra la batería en la noche. Este es el punto en el que la plataforma de streaming da la opción de “ver otra vez”. Daremos “replay” en el próximo banquete de La Aplanadora. 

Lista de temas: 

1-Hombre en “U”

2-Buscando un angel

3-El ojo blindado

4-Vengo

5-Alma de budín

6-Salgan al sol

7-Azulejo + La rubia tarada

8-Sábado

9-Vida de topos

10-Tanto anteojo

11-Haciendo cosas

12-Rasputin

13-Como un cuento

14-Dame un limón

15-Spaghetti

16-Par mil

17-El arriero

18-Cabalgata

19-Casi estatua

20-Elefantes

21-Sucio y desprolijo

22-Crua chan

23-Amapola

24-Paisano

25-Paragüay

26-Cielito lindo

27-El 38

28-Ala delta

Bonus track- Banderitas y globos