
Fotografías por Romina Sautel
Se hace difícil no hablar de la pandemia que se está terminando cuando estamos viviendo un desquite de eventos importantísimo, la ciudad de La Plata no para de darnos shows en todos los teatros que tiene cada fin de semana. Para cuando estés leyendo esta crónica ya pasaron tan sólo por Atenas, Wos, Guasones, La Orquesta Delio Valdez, El Kuelgue, y faltan otras tantas que ya están agotadas. Pero la banda que nos convocó esta vez fue La Vela Puerca, estrenando los recitales de este invierno en la ciudad. La llegada fue super tranquila y ordenada, por suerte sin complicaciones de ningún tipo, el camión de la banda estaba estacionado en la puerta, estar parada al lado del micro que usan para moverse siempre me hace sentir un poco más cerca de ellos.

Atenas se llenaba de a poco y en calma, la banda soporte fue una gran sorpresa, «Felix y los sin Fritz», grupo marplatense que supo superar el desafío de hacer saltar a gente que los escuchaba por primera vez. Para eso de las 21.30 Atenas ya estaba repleto, campo y gradas explotadas de gente, cuando de repente se apagan las luces y la gente grita. Ese microsegundo siempre es una subida de adrenalina y desde las gradas se podía ver como todo el mundo empezaba a saltar al ritmo de «Va a escampar». Buena decisión arrancar el recital bien arriba, con tres temones que te dejan sabiendo que esto va a estar bueno, porque siguieron «Y así vivir» y «Sobre la sien». Pero cuando sonó «El soldado de plomo» la marea de gente no paraba de moverse de acá para allá, todos a tiempo cantando el estribillo que también nombra la canción, continuaron con «Todo el Karma».


Después tocaron algunos temas de Discopático, último disco que están presentando y que luego de La Plata sonaría en Tandil. Ese fue un buen momento para descansar de tanto salto, pogo, baile y agite. Como el disco salió hace muy poquito (el 7 de Mayo fue apenas hace algo más de un mes), sus canciones aún no se convierten en himnos como suele ocurrir, por lo que el público prestaba atención a los temas que escuchaba en vivo por primera vez, ese siempre es un momento especial. Pero bueno, los pocos manijas que ya se sabían los temas de memoria por supuesto que agitaban adelante y al medio, mientras los demás escuchábamos atentos «Contra el Viento», «Plan de fuga» y «Jugando con fuego».

Luego y para romper con el clima de atención y calma, empiezan a sonar los primeros acordes de «Un frasco». Paaaa!! Pero que locura la que se desató, no importa si fuiste a segundear a un amigue o si ligaste la entrada de regalo, de sorteo, o si por algún extraño motivo caíste ahí sin ser muy seguidor; ese tema lo conocemos todos y nos encanta. Con una letra que hace recordar a los cuentos de Edgar Alan Poe, las teorías sobre su historia van desde venganzas por bullying hasta conspiraciones de los Iluminati, pasando por posturas que creen que habla de tupamaros o dictaduras. ¿Qué es el arte si no es la capacidad de hacer sentir a todos algo diferente frente a la misma obra?

Todas estas cosas no importan ya, porque ahora está sonando «Sigo Creyendo» y todos huimos de aquellos que viven del miedo, al toque somos bienvenidos a un entierro porque suena Polidoro. Arriba del escenario es todo fiesta, el Enano y Cebolla pegan saltos y corren de punta a punta, entre tema y tema todos inclinan un vaso con alguna bebida espirituosa, necesaria para la ocasión, y cada dos por tres no dejan de saludar y agradecer. Cada que pueden se dirigen al público lo más cerca posible, parándose arriba de los monitores si es necesario, es que se siente todo tan intenso que no alcanza el cuerpo para expresar todo lo que está pasando.
El escenario no tuvo una puesta muy especial más que la pantalla de fondo con imágenes que sabían acompañar el ritmo de la música o la temática del tema, algo muy austero pero funcional, podríamos decir que fue un escenario netamente rockero, hecho para tocar y que la verdadera protagonista de la noche sea la música.

De nuevo un par de temas de Discopático, «Para siempre» y «El paraíso», merecido descanso para los cuerpos que buscaban agua al borde del escenario donde estaban repartiendo. Pero una vez más, como buscando un juego de contrastes constantes entre temas nuevos y clasicasos empieza a sonar la guitarra despacito, tranquila, tingui tingui, tingui tingui. Nadie puede «Zafar» cuando suenan esos acordes, y aunque el ritmo sea lento las gargantas se potencian para cantar a coro «soy de la ciudad, con todo lo que ves».

No me puedo dedicar a contar lo que fue pasando en cada canción, porque fue una larga lista de 26 momentos únicos. Tema tras tema jugaron todo el recital con este choque de ritmos tranquilos y agitados, como si quisieran confundir a la gente, van unos temas que recién salieron y atrás flor de clásico, después te dejo respirar y cuando te das cuenta estás saltando y de pronto, ya no sabes qué hacer porque aunque suena un himno de la banda lo están tocando tranquilos y mirás alrededor a ver si da para agitar la bandera, armar una ronda de pogo o acompañar con la luz del encendedor… bueno… o el flash del celu.

Las luces merecen una nota aparte, absolutamente sincronizadas y pensadas para estar todo el tiempo armando no sólo un show sino un clima particular, cada tema tenía una puesta de luces diferente y sabían apuntar a la voz cantante cuando era necesario, generar los efectos de recorte, sombras e iluminación directa así como también iluminar al público cuando se lo ganaba o generar un clima cálido para compartir una linda canción.
Cuando nos pidieron los documentos ya todos sabíamos, en cualquier momento «Vuelan Palos», el público se re picó pero de fiesta, no sólo se trata de un temón sino que empezaba la canción que lleva incorporada el agite propio de la banda «Vamos la vela de mi corazón». Nos deben haber escuchado hasta el Estadio Único más o menos, porque la gente no paraba de agitar demostrando la fidelidad con la que sigue a la banda. Las luces iluminaban al público que se ganó la atención de todos. Cuando ya no sabés cuánto tiempo hace que empezó y ni te importa, es cuando caes en la cuenta de que todo en algún momento va a terminar pero bueno, La Vela nos diría que «hay que reírse un poco, que la muerte siempre está». Los temas seguían pasando uno atrás del otro y ahí adentro nadie se acordaba del invierno que acababa de empezar y que nos esperaba a la salida, cuando camináramos «Por la ciudad». Todo era energía desplegada, descarga constante, un compartir hermoso, nunca va a dejar de hacerme flashear ver a tanta gente desconocida compartiendo música. No me vengan con que la música no une, si la gente se abrazaba para cantar juntos «tengo una banda amiga que me aguanta el corazón».

Al toque explotan los vientos y ya todos nos preguntamos «viejo divino ¿dónde vas?» y tanto temazo seguido ya te hace sospechar que se acerca el final, pero cuando nos terminan de contar la vida de «El viejo» empiezan a relatar «una historia sin principio ni fin» pero bueno, todos los cuentos terminan algún día, incluso los de rock.
El recital finaliza algo parecido a como empezó, con canciones que nos hacen saltar a todos, casi como si toda la lista hubiese sido pensada con un principio, un nudo y un desenlace (podés encontrar la lista de este reci en Spotify con el nombre de esta nota y de quien escribe). Para el último tema, una vez más, jugaron con esta emoción desatada del público que venía de gritar «eso ya depende de vos» chocando con una propuesta tranquila desde el escenario cuando el Enano se sienta en una butaca alta y con su look de profesor (de anteojos, camisa a cuadros y pelo un poco largo), empieza a tocar la guitarra criolla. Aplauso para las luces que participaron ahí, creando un clima íntimo y de calma que nos encontró a todos cantando «José Sabía que no puede ser, que esos amores no pueden durar»

Qué delicadeza, qué sutileza, qué sensibilidad. Cuando la mayoría de las bandas elige cerrar con el tema más arriba que tienen para que te vayas extasiado y adrenalínico, parece que este grupo tuviera la sabiduría del que vivió mucho y te dice pará un poquito, mirá la luna, ¿no ves lo linda que está?. Como suelen hacer, el tema termina con los integrantes de la banda (y esta vez también de la banda soporte) cantando a coro, imitando la formación de una murga uruguaya, grupitos de personas alrededor de los micrófonos que le hacen la segunda voz al Enano, pocas cosas más uruguayas que las murgas de tablados. Siempre con el mensaje de que «apaguen la tele y abran un libro».

Me fui con la sensación de que no vi un recital más, entre la lista de temas y las luces se la pasaron jugando con los diferentes climas que se podían crear generando contrastes que no te dejaban estar distraído, cuando no parabas de agitar te hacían bajar a tierra y cuando estabas muy tranquilo te dejaban allá arriba. Mientras salía para la calle 13 me acordaba de que afuera empezaba el invierno, pero mientras haya recitales no hay frío que nos pare.