Skay Beilinson y Los Fakires volvieron a La Plata después de más de una década, y no fue una fecha más. La mística que rodea a Skay y todo lo que representa para el rock argentino hizo que las entradas se agotaran rápidamente, obligando a mudar el show del Microestadio Atenas al Hipódromo de La Plata, en búsqueda de un espacio con mayor capacidad.



«Bienvenidos Skay y Poli, la tierra donde todo comenzó». La frase que se leía entre los panfletos que cubrían el piso. Porque es así, La Plata, es cuna del Rock Nacional. Entre abrazos, banderazos y zapadas se previaba en una entrada colmada.
Fueron un total de 20 canciones y casi dos horas de espectáculo. Un recorrido que pasó por distintas etapas de la carrera de Skay ycon los infaltables clásicos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.



Un abrazo a la memoria de un amigo, Skay le dedicó unas palabras al Indio, tras su reciente partida,y le rindió homenaje con “Todo un palo”.
La ausencia del Indio Solari hizo que esta noche sea particularmente emotiva. Hay un vacío difícil de explicar, una ausencia que se siente incluso cuando la música sigue sonando. Y quizás por eso este encuentro tuvo algo más, nostalgia, memoria, el compartir y apropiar canciones.
Skay volvió a tocar en sus orígenes y, una vez más, dejó en claro que hay vigencias que no necesitan ser explicadas.




Un Hipódromo colmado, un público atravesado. Compartiendo momentos y canciones que, para muchos, son parte de su propia historia.
Crónica: Agustina Pelle
Fotos: @jc.fotografiaa