Music is My Girlfriend presenta, por primera vez, a una de las propuestas más hipnóticas y vanguardistas de la escena alternativa latinoamericana. El quinteto mexicano Diles Que No Me Maten luego de agotar entradas en su primer show el jueves 20 de agosto anuncia una segunda fecha el miércoles 19 de agosto en Club Cultural Bula en Buenos Aires.
La noche se completa con la potencia de dos de las bandas super interesantes de la nueva escena psicodélica. Desde Chile Dinastía Moon ercusiones con sabor latino, elementos hindúes, andinos y shoegaze. Y del conurbano de Buenos Aires Vacaciones en Juarez entre el ambient desértico y una psicodelia folk pasada por la trituradora del shoegaze y noise. Una fecha diseñada para perderse en el sonido.

¡Diles que no me maten por primera vez en Argentina!
junto a Dinastía Moon y Vacaciones en Juarez
en Club Cultural BULA, Bulnes 998, Ciudad de Buenos Aires
miércoles 19 de agosto, 19:00hs
Entradas anticipadas en alpogo.com
Produce: RockCity
Apoyan: @interzinerevista, @eltesororevista, @indiehoy, y @glowy_music

¡Diles que no me maten por primera vez en Argentina!
en Club Cultural BULA, Bulnes 998, Ciudad de Buenos Aires
jueves 20 de agosto, 19:00hs
ENTRADAS AGOTADAS alpogo.com
Produce: RockCity
Apoyan: @interzinerevista, @eltesororevista, @indiehoy, y @glowy_music

Art rock, psicodelia, krautrock y spoken word es el recorrido sonoro que transforma Diles que no me maten en atmósferas instrumentales hipnóticas, que ya cuentan con 3 álbumes, incluyendo el elogiado Obrigaggi (2023), además de haber recorrido Europa y EE.UU. Sus shows son frecuentemente descritos como eventos sensoriales impactantes, con mucha improvisación y la creación de climas envolventes.
Para Diles que no me maten, cada nota es un pequeño paso hacia lo desconocido. La banda de cinco integrantes de la Ciudad de México siempre ha operado bajo la lógica de “primer pensamiento, mejor pensamiento”, inspirándose en una filosofía de improvisación cercana al krautrock para construir intrincadas piezas de art rock nervioso, salpicado de baladas con tintes blueseros y misticismo poético. Aunque su cuarto álbum, Escrito en Agua (Writ in Water), es el más elaborado y accesible hasta la fecha, su principio fundacional de exploración lenta y asombrada sigue más vivo que nunca.
Fundada por los hermanos Raúl (batería) y Gerardo (guitarra) Ponce en 2017 dentro de una escena de la CDMX a punto de desbordarse, Diles se unió a partir de un lenguaje compartido de improvisación que se volvió cada vez más complejo y fluido con cada ensayo revelador y cada presentación en vivo electrizante. La mezcla ardiente de elementos crudos que impulsó su EP debut de 2020 Cayó de su Gloria el Diablo y el LP Edificio se consolidó en formas más sólidas pero cambiantes en su álbum revelación La Vida de Alguien Más y su continuación de flujo libre Obrigaggi. Junto a los hermanos Ponce, Andrés Lupone (bajo), Jerónimo Elizondo-García (guitarra, clarinete) y Jonás Derbez (voz, saxofón) han creado un sonido tan impredecible como distintivo.
En un estudio improvisado en el barrio de Santa María La Ribera, en su ciudad natal, Diles creó Escrito en Agua mediante un proceso de intensa experimentación y refinamiento, guiado suavemente por su colaborador de largo tiempo convertido en productor, Sebastián Rojas. Este entorno le dio a las grabaciones una cualidad maleable y rebelde; sin las limitaciones hi-fi de un estudio formal, pudieron manipular sus creaciones, desarmarlas y reconstruir sus mejores partes de una manera que nunca habían intentado antes.
Desde las primeras notas de Escrito en Agua queda claro que Diles ha entrado en una nueva etapa. La introducción instrumental “Las Noches Que Dormimos en Sillas” fue concebida inicialmente como un “arreglo gótico al estilo Duke Ellington” por Andrés, antes de que fallas técnicas y la participación del legendario saxofonista Alain Derbez (padre de Jonás) llevaran a la banda a darse cuenta de que la canción sonaría mejor una octava más arriba. Así, sus tonos lúgubres se volvieron menos sombríos y más espirituales. La banda se inclinó por esa dirección, incorporando elementos de música funeraria de la Sierra Mixe de Oaxaca que elevan la pieza mucho más allá de su premisa original. La canción marca el tono de un álbum que, aunque no es religioso, resulta profundamente trascendente.
Esta atmósfera se vuelve palabra en el sencillo principal “Hiriku”, donde Jonás interpreta la visión poética épica Híkuri (Peyote) de José Vicente Anaya sobre una instrumentación frenética de krautrock. “La mitad que soy no existe, y la mitad que existe no soy”, repite con calma casi de mantra en la segunda mitad de la canción. Esta frase, tomada directamente del poema, funciona como una especie de desafío: deja atrás tu yo anterior al entrar en este disco. “Cierro los ojos para ver un lugar donde no estoy”, canta en otro momento.
En lo sonoro, la intensidad de “Hiriku” es una excepción dentro de un álbum lleno de reflexión pausada. El tono reposado de Escrito en Agua se debe en gran medida a la decisión de Raúl de reducir su batería a su forma más mínima. “Quería que toda la batería del álbum fuera muy contenida”, explica. “Me gusta esa sensación de tener menos cosas para poder concentrarte en todo lo demás que está pasando al mismo tiempo”. Gerardo adoptó un enfoque similar con la guitarra: “El silencio es un elemento muy importante del disco… los espacios que tomas en silencio y el silencio que dejas después de tocar”.
Si “Hiriku” es el espejo temático del álbum, “Perquisidor” es su clave de cifrado. Traducido aproximadamente como “Investigador”, el personaje de la canción es más un observador errante que un detective tradicional. “Es vagar no en el sentido de estar perdido, sino de estar buscando algo”, explica Jonás. “Pero no algo como meta concreta, sino detalles… como seguir la pista de algo que sabes que no vas a descifrar, pero aun así prestas atención a las pistas”.
Al componer el arreglo, Andrés se puso en ese papel: “No estaba seguro de lo que buscaba… a veces los acordes son felices y a veces son tristes, pero no diría que es una canción feliz ni triste. Es como una épica de la nada”.
Esa ambigüedad atraviesa todo el álbum y se manifiesta especialmente en “Viene el Viento”, una canción sobre el envejecimiento y la muerte que resulta profundamente conmovedora sin caer en lo depresivo. Fue la primera que grabaron para el disco, abordándola como un rompecabezas de estados emocionales. Sin embargo, no hay engaño: es una de las piezas más vulnerables del proyecto. Inspirado por Luis Alberto Spinetta, Jonás buscó un equilibrio entre profundidad emocional y simplicidad infantil. “Está completamente desnuda”, dice.
El punto emocional más alto llega en la penúltima canción, “No me”. Nacida de un riff de guitarra de Jerónimo y de las únicas letras que Jonás había escrito antes de las sesiones, se centra en una afirmación de fuerza: “No me está rompiendo. Creo que no me va a romper”. A medida que lo repite, su convicción vacila, se quiebra y vuelve a levantarse. “Era repetirlo de tal forma que sonara como si ya me hubiera roto por completo”, explica.
“No me” no es técnicamente difícil de tocar, pero fue la más complicada de terminar. Regrabada varias veces en tres lugares distintos, hoy es una de las canciones de las que la banda se siente más orgullosa. “Es una canción donde nos escuchamos mucho… y cuando estamos de gira, la tocamos y es como ‘ok, nos entendemos’”, dice Jonás. “Por eso es tan importante”.
Escrito en Agua tiene dos dedicatorias. El primero es la estrella matutina Tunuwame, patrona de los músicos según la mitología indígena del occidente de México. “Estrella tan distante, si te dejo de cantar me desperdiciaré”, canta Jonás en la última pista. El segundo es Mahmoud Darwish, considerado el poeta nacional de Palestina, cuya obra inspiró varias canciones del álbum. “Él escribe lo cotidiano de vivir en un estado sitiado… pequeñas visiones”, reflexiona Jonás. Son esas pequeñas visiones las que hacen de Escrito en Agua una obra maestra: discreta en su brillantez, fluye nota a nota hacia un vasto desconocido lleno de posibilidades infinitas.