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la Renga: épica y Rockandroll

El jueves 2 de abril de 2026, la liturgia del rock argentino sumó una página histórica con el regreso de La Renga a la Ciudad de Buenos Aires. Tras semanas de incertidumbre por el cambio de sede (originalmente previsto en el Estadio Huracán y trasladado por cuestiones de seguridad), el «banquete» finalmente encontró su lugar en el Parque de la Ciudad, en Villa Lugano.

​Bajo un cielo despejado, el predio de las avenidas Coronel Roca y Escalada comenzó a recibir a las columnas de seguidores desde temprano. El cambio de locación —obligado por fallas estructurales en las cercanías del Ducó— no mermó la convocatoria. La organización dispuso un operativo especial que incluyó colectivos gratuitos al finalizar el show para facilitar la desconcentración.

​La jornada tuvo una carga emotiva particular por la fecha, rindiendo homenaje a los veteranos y caídos en Malvinas, tema que sobrevoló el espíritu del encuentro.

​A las 20:00 h, el escenario se encendió con la presencia de El Tri. Álex Lora y su banda mexicana, históricos aliados de Chizzo, Tete y Tanu, se encargaron de calentar el ambiente con su rock callejero y su clásica complicidad con el público argentino. Fue el preludio perfecto para lo que vendría.

​Cerca de las 21:30 h, las luces se apagaron y el rugido de la multitud marcó el inicio del banquete. La banda de Mataderos salió a escena con una potencia sonora que confirmó por qué el Parque de la Ciudad era el espacio ideal para su aforo.

  • Apertura y Sonido: El setlist equilibró clásicos ineludibles con temas de su lanzamiento más reciente, «Solo hace falta un mundo para dar una vuelta».
  • Momentos Clave: La interpretación de canciones como «La razón que te demora» y «El final es en donde partí» generaron los pogos más intensos de la noche.
  • Homenaje: Hubo un espacio dedicado a la memoria de Malvinas, donde el sentimiento de soberanía se fundió con la lírica de la banda, creando uno de los momentos más solemnes y coreados por las miles de almas presentes.

​Como es tradición, el final llegó con «Hablando de la libertad», bajo una lluvia de papeles y con el público fundido en un solo grito. El sonido fue impecable a pesar de ser un predio abierto, y la logística de salida funcionó según lo previsto, permitiendo que la «familia renguera» se dispersara en paz tras casi tres horas de música.

Fotos: Romina Sautel

Crónica: Juan Rodríguez