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KORN REGRESÓ A ARGENTINA CON UN SHOW ÚNICO EN EL MARCO DE SU GIRA LATINOAMERICANA

Después de casi diez años de espera, la Argentina volvió a ser visitada por Korn. El pasado domingo 10 de mayo, el Parque Sarmiento se transformó en un templo de distorsión y nostalgia cuando Korn, la banda liderada por Jonathan Davis y pionera absoluta del nu metal, dejó una impronta imborrable ante una multitud que desbordó euforia.


La jornada comenzó temprano para calentar los motores de una audiencia sedienta de pesadez. El crédito local, Las Tussi, abrió fuego con su impronta post-punk y garage. Su paso dejó el escenario listo para la artillería internacional. Seven Hours After Violet, el nuevo proyecto de Shavo Odadjian (System of a Down), brindó un set directo y oscuro que conectó inmediatamente con los fans de la vieja escuela.
Sin embargo, uno de los puntos más altos de la previa fue Spiritbox. La banda canadiense, comandada por la hipnótica Courtney LaPlante, demostró un sonido técnico pero cargado de atmósfera, lograron que el público conectara tanto con sus momentos melódicos como con sus breakdowns demoledores, dejando el clima en un punto de ebullición ideal para el plato fuerte.


Cuando las luces se apagaron y los primeros acordes tronaron, quedó claro que la banda no ha perdido un ápice de su brutalidad característica. Jonathan Davis se mostró conmovido por la entrega del público y agradeció la espera de casi una década con una performance vocal que desafía el paso del tiempo: su voz se mantuvo intacta, alternando entre susurros esquizofrénicos y guturales potentes con la misma precisión que en los años 90.
El setlist fue una muestra perfecta de su trayectoria. Himnos como «Blind» y «A.D.I.D.A.S.», de sus dos primeros discos, desataron un caos controlado. El pogo se adueñó de cada rincón del predio, y aunque es justo decir que la separación del campo le quitó algo de mística visual a la «marea humana», la energía no se fragmentó: hubo saltos y empujones constantes tanto en el sector delantero como en el trasero. Entre la multitud, el color lo pusieron los fanáticos más creativos, con varios asistentes disfrazados de choclo en un divertido tributo al nombre de la banda.


Uno de los momentos más celebrados fue el despliegue técnico y la sorpresa de las versiones. Durante la interpretación de «Shoots and Ladders», Davis sacó su icónica gaita, pero el clímax de ese segmento llegó cuando la banda enganchó un fragmento de «One» de Metallica, un homenaje que fue recibido con un rugido de aprobación masivo.


El cierre no pudo ser más épico. Los acordes de «Freak on a Leash», el clásico absoluto de Follow the Leader, marcaron el corolario de una noche inolvidable. Con más de tres décadas de trayectoria a sus espaldas, Korn demostró en Buenos Aires que no solo son sobrevivientes de una época, sino una fuerza vigente que, frente a un público argentino que se entregó por completo, parece tener combustible para muchos años más.

Crónica : Ariel Ebra

Fotos Gentileza de DF ENTERTAINMENT