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Kermesse Redonda : la vigencia y la pasión

En la atmósfera se siente ese aire de las grandes citas de otros años. Los rostros, en su mayoría, marcados por el paso del tiempo, pero con la ilusión en los ojos de cuando eran adolescentes. “Soy Redondo hasta que me muera”, juraron hace muchísimo tiempo atrás y hoy se hicieron presentes para renovar aquella promesa.

Las luces se apagan, en las pantallas aparecen los músicos en una suerte de selva, se abre el telón y allí salen al frente Sergio Dawi y Semilla Bucciarelli para darle vida a “El Pibe de los Astilleros” y provocar el delirio de los casi 2000 ricoteros que se dieron cita en El Teatro Flores. “Mi Genio Amor” y “Me Matan, Limón” acompañaron el arranque que hizo estallar a su gente.

Con un repaso por toda la discografía “Redonda” y alguno de aquellos “inéditos” que todos cantamos, Los Decoradores dieron un show sólido, de alto nivel, como el que nos tiene acostumbrados la banda en cada Kermesse Redonda.

Tito Fargo y Oscar Kamienomoskya cargo de las guitarras, Hernán Aramberrien batería,  MarianoPirato en teclados y sintetizadores y las voces de Jorge Cabrera, Leticia Lee y Chino Laborde completan un conjunto que sin estridencias mantiene viva la esencia y el sonido de una época. Porque esto no es un tributo. Son sus canciones. Son las canciones que grabaron y tocaron durante décadas. Quienes piensen que son otra banda de covers de Los Redondos, se equivoca sobremanera. Si el Indio era el cerebro y Skay el corazón, acá está el alma de Patricio Rey.

“Gualicho” y “Alien Duce” inauguraron la segunda parte del show que tuvo clásicos como “Motorpsico”, “Yo No Me Caí Del Cielo” o “Un Pacman en el Savoy”, pero la perla de la noche se dio debajo del escenario cuando en el medio de la pista, un muchacho en silla de ruedas invitó a bailar a una chica al ritmo de “Vamos Las Bandas” lo que automáticamente generó una ronda a su alrededor que no paraba de arengarlos. La felicidad de todos en esa escena es difícil de describir. Solo ver las sonrisas dibujadas en su cara hacía pensar que estaban disfrutando cada segundo.

La noche se agotaba y “Ya Nadie Va A Escuchar Tu Remera” presagiaba que quedaba solo una canción más, la que niños, jóvenes y adultos esperaban para, todos juntos, fundirse en el pogo más grande del mundo. Ya con el resto, la gente desató la fiesta final con “Ji, Ji, Ji”, dejando lo último de energía en ese solo de guitarra tan icónico que hasta el guitarrista de Roxettese animó a interpretar en su visita al país.

Fue una gran noche, un show sólido, con ese sonido ricotero inconfundible que deleitó e hizo agitar hasta el cansancio a grandes y chicos. No son una banda de covers, son los dueños de esas cancionesy ,tal vez, los únicos que debieran interpretarlas. Por trayectoria, por historia o porque simplemente son tan suyos como siempre.

Crónica por Juan José Rodriguez

Fotos por Mailén Albamonte Pizarro