¡Beats de llanura: Romina Péchin presenta “Hueso”, un disco donde sigue expandiendo su universo electro-folk!
 
La cantautora pampeana presenta “Hueso”, su segundo álbum de estudio después de “Monte” (2015). Editado por el sello Territorio y con la producción de Juan Ibarlucía (Pommez Internacional), el disco reúne siete canciones en donde conviven elementos analógicos y digitales, la electrónica y la canción de raíz. Sus canciones evocan atmósferas oníricas e impredecibles que navegan entre el sueño y la vigilia.
Se canta con la voz y con las entrañas, se compone desde la inteligencia pero también con el corazón. El espíritu de la artista, partido entre los dominios de la intuición y la técnica, investiga estas fisuras en donde la creación engulle a su creadora. Porque cuando la canción cobra cierta vida, cierta autonomía, la voluntad y las decisiones quedan felizmente sepultadas en la inercia de un tarareo, un jadeo, un balbuceo…un susurro que instintivamente se deja guiar por el capricho de una obra viva.
“Hueso” es el segundo disco de Romina Péchin después de “Monte” (2015). Reúne siete canciones que son como siete peldaños espiralados en una búsqueda de sonidos y emociones que profundiza los riesgos y la aventura iniciada en su disco anterior. En Huesos, las derivas sorpresivas y algo incontrolables de estas canciones que cobraron vida propia conviven con la técnica y el preciosismo de instrumentos bien afilados y tensos, con la precisión digital y el detalle de la densidad sonora que permite la producción minuciosa; un trabajo de orfebrería arriesgado, luminoso pero con notas trágicas, que estuvo a cargo de Juan Ibarlucía, director del sello Territorio y productor del álbum.
“Hueso” traduce un paisaje. Es, al mismo tiempo, una serie de cuadros realistas sobre temas absolutamente imaginarios, flotantes; y un lenguaje surrealista inclinado a contar una historia íntima y natural. El resultado es una armonía híbrida, tensa, que se agita y a la vez descansa. Se despereza y luego explota. Es orgánico y maquínico, gutural y lírico, primitivo y a la vez sofisticado. En este vaivén, en la modulación de ambos espacios, Romina ostenta una elegancia hecha de hierbas, piedras y metales. Sus herramientas de trabajo asumen un brillo y una forma especial y cariñosa después de la exploración exhaustiva de su propia geografía mental. En la roca tallada y en las herramientas marcadas se ve el paso del tiempo. Porque estas canciones están atravesadas por una transformaciónvital. Entre la concepción original de muchos de los temas y la forma que asumieron finalmente surgieron cambios, nuevas aperturas: primero, el nacimiento de su hija, y, algunos años después, la pandemia y el regreso en familia a La Pampa, su provincia natal.
La larga estadía en la abigarrada ciudad de Buenos Aires y el contraste abrumador con la llanura pampeana imprimen una metamorfosis artística en donde lo existente encuentra nuevos senderos que comienzan a ser recorridos. Cierta entonación, dulce y afirmativa en el primer álbum, ahora, en Huesos, se reconcentra en algo más trágico, solitario y especulativo. Una naturaleza muerta, latente, que en su repliegue esconde el misterio y la esperanza de la interpretación. El disco reclama la escucha paciente y atenta del caminante, del observador de esculturas que aprecia una forma hecha de sonido que se expande en un mismo plano extendido pero en múltiples direcciones. Canciones que se rompen y recomponen en su despliegue. Romperse en el sentido de no cumplircompletamente con los parámetros de la simetría, la narrativa y la conclusión. En Huesos se despabila el beat que estaba dormido en la copla, y, en el sentido contrario, la melodía anticipada en el pulso. Del desborde urbano a la llanura estática: los preludios vocales, atmosféricos, vibran amplificados en diálogo con bombos electrificados y maderas que explotan en ecos de cámara.
Si en Monte la artista encontró una velocidad para el fraseo y el control sobre una búsqueda en donde conviven con serenidad una tradición terráquea heredada del folclore y la canción de raíz con el impulso eléctrico de los sonidos sintetizados, ahora, con Huesos, esa alquimia se exaspera y desencadena canciones que priorizan la condición atmosférica del sonido. Derribado el mito de la narración y la linealidad, aparecen imágenes dictadas en sueños por la imaginación, líricas que se deben más a su propia obsesión que a las demandas de un significante preciso, inmóvil, seguro.
Esta concentración y este riesgo asumido para mantener la calma en arenas movedizas y mares revueltos tiene un correlato sonoro en canciones que conquistan cierta plenitud para después corromperse. Como si la estabilidad en la armonía solamente fuera el preludio necesario para el rechazo de cualquier comodidad.
Alguna agitación narcótica, o una posesión exasperada del sonido vivo encuentran refugio en el beat, que sintetizado, estabilizado y artificialmente incorporado a la naturaleza, quiebra la placidez de una nota sostenida en la respiración. En Huesos podemos ver y escuchar como el beat interpreta la llanura: la estepa desierta de la nota abierta sustraída en el beat que electrifica las espigas y los matorrales.
Texto por: Ignacio Navarro
Podes escuchar “Hueso” ya está en todas las plataformas digitales y el siguiente LINK Spotify: open.spotify.com/album/42OujOYqZWej3mxBPuewcr