
Una tarde calurosa y una noche despejada de verano fueron el escenario de la primera jornada del Festival Playa, que ya había tenido que ser reprogramado por cuestiones climáticas. Manu y los Satélites de Oro, Los Reyes del Falsete, La Valenti, Mi Amigo Invencible, La Danza de las Bestias y Sol Ariens hicieron vibrar la playa de Punta Lara.
A las 18 horas el sol bajaba sobre el río de La Plata, atenuando la temperatura del atardecer templado de Ensenada. Junto al río, la sede al aire del Club Universitario contaba ya con un puñado de personas esparcidas en el pasto del lugar. En la entrada, 5 autos formaban una fila; y que un grupo de 10 personas ingresaban a pie. Al ingresar al predio lo primero que se ve es una estructura edilicia larga y blanca, precedida por un cordón de arbustos. 3 policías revisaban las mochilas de las y los consumidores.
-De todo- gritó un policía a otro; que le había preguntado cómo venía la requisa. Al ingresar al predio lo primero que se ve es una estructura edilicia larga y blanca, precedida por un cordón de arbustos.
La fiesta se encontraba a la derecha de la entrada al predio. Un escenario de unos 6 metros de largo de espaldas al Río de la Plata, rodeado por puestos y foodtracks de comida y bebida.
Detrás del escenario, en la bajada a la costa, se extendía un espacio verde amplio, con juncales y arbustos de río que impiden que uno pueda mojar los pies en el río.
La tarde era más que disfrutable por la temperatura veraniega del lugar, que permitía que en horas de la tarde noche, las chicas y chicos pudieran usar ropa liviana sin sentir frío: polleras, shorts y musculosas; remeras mangacorta y bermudas.
Desde temprano circulaban las latas de cerveza, pero más comunes eran los equipos de mates y reposeras. Antes de llegar al espacio del predio donde se montaba el escenario, se desplegaba la muestra fotográfica de Pielstudio. La propuesta fotográfica artística consistía en imágenes tamaño póster de cuerpos desnudos, montados en caballetes de madera. Por la noche, unas luces de piso iluminaban las fotos.
El festival dio inicio con la presentación de Manu y los satélites de oro a las 18 horas. Cuando se puso oscuro, la organización pidió a las y los presentes que no bajen al río. La luz de los barcos que se veían en el horizonte, por la noche conformaron un espectáculo lumínico que se mezclaba con la luz natural de las estrellas y la luna llena.

Alrededor de las 19 horas, salieron los reyes del falsete comenzaron su show.
-Estamos muy desacostumbrados a ésto- dijo el Nica Rex, cantante y guitarrista de la banda. El sonido se escuchaba fuerte y equilibrado. Sin embargo, casi dos años de no tocar seguido en vivo puede hacer que el musique esté más atento de lo habitual a los pifies y errores plausibles en una presentación vivo.
-Por favor perdonen las voces desentrenadas- se volvió a disculpar el artista. En el público no hubo barullo ni nada por el estilo. A medida que pasaban los minutos, el espacio se iba colmando cada vez más de jóvenes con latas de cerveza, ecovasos con gin o birras artesanales. Alguna que otra pizzeta y hamburguesas de foodtrack también circulaban.

A 100 metros a la izquierda del escenario, el predio sigue y cuenta con cancha de basket y un playón de cemento extenso para sentarse a tomar mate. Por la noche, los insectos y el sonido constante de la corriente del río son los musicalizadores naturales del lugar. Al menos, así es cuando no hay festivales.
A las 20:30 ya se podía hablar de multitud en el predio. Los foodtracks tienen filas de al menos 10 personas y los baños, en los que hay varones y mujeres indistintamente, también están colmados.
En el flyer oficial del evento (que por cuestiones climáticas ya se había modificado al menos dos veces) se anunciaba a Amor Elefante. El mismo sábado del festival, desde la organización compartieron un nuevo line up que marcaba que a las 20 horas tocaba La Valenti (momento temple).

Las voces y las guitarras se escuchaban con claridad y equilibradas. La batería y el bajo marcaban presencia y no retumbaban de más.
La Valenti se quejó de algunos desperfectos en los pedales. Cantó un tango sentada, solo a piano y voz. Antes de irse, le dedicó un tema al Flaco Spinetta.
A las 21:30 llegó el plato fuerte del festival: Mi Amigo Invencible. En menos de una hora la cantidad de gente casi se duplicó. La banda de Mendoza, referente de una generación de bandas indie, continuaron con el equilibrio y la prolijidad sonora. Un detalle que es bien propio de su estilo indie cuidado y tranquilo.

Las canciones de MAI invitan a bailar muy suavemente, dando pasos cortos y girando la cabeza. También a emocionarse con los sentires que transmitían los chorus y los sintes. Dando saltitos sin despegar los pies del suelo y flexionando las rodillas, la banda de Mendoza hizo vibrar la costa de Ensenada.
En estos días fue el cumpleaños de Pablo, tecladista de la banda. Hacia la mitad de su show sacaron una vela y un alfajor y le cantaron el feliz cumpleaños, con el cántico del público incluido.
Luego del show de MAI, rondando las 23 horas, los foodtracks se colmaron de gente. Por más o menos media hora, el público comió luego de varias horas de música, mate y cerveza. Entre las opciones comestibles del lugar había hamburguesas, pizzetas de mucha variedad y creeps de panqueques con rellenos salados (Capresse, jamón y queso, etc) y dulces.
La danza de las bestias comenzó pasadas las 23:30, con su propuesta de bases electrónicas y guitarras fankys juguetonas. La dupla de electro house transformó la noche en una rave al aire libre, con luces de estrellas, luna llena y barcos en el horizonte. Como su nombre sugiere, su música transforma internamente a las personas en bestias que necesitan largar y descargar su energía bailando, danzando.
La danza puede ser de cualquier modo. Según la descripción de sus redes, la música de de Luciano Cirone y Seba Morán se puede describir como “música dub electrónica que busca en sus bases lo primal, lo hipnótico, lo electrónico, lo sonoro ambiental” con “ritmos oscuros y constantes”. Cualquier movimiento, brusco o suave, será guionado por los dos DJ provenientes de La Plata.
Tocaron más de una hora y media. A la 1 am completaron su ritual nocturno, dejando paso a la DJ Sol Ariens, también artista local de La Plata, quien dio cierre a una noche (ya madrugada de domingo) ideal de verano, que ojalá no se termine nunca.

