El pasado viernes 30 de octubre, el escenario de Groove (Palermo) fue el epicentro de una de las ceremonias más intensas del circuito de rock independiente local. Winona Riders se presentó ante una sala colmada para mostrar formalmente los temas de su disco 0%, marcando además el hito de su último show del año en la Ciudad de Buenos Aires.
Lejos de los convencionalismos de la escena formal, el grupo bonaerense desplegó esa energía en bruto que los convirtió en una cita obligada para quienes buscan distorsión, psicodelia y trance colectivo.





Tocar hacia adentro, sonar hacia afuera
Uno de los rasgos más potentes de la propuesta de Winona Riders en vivo es su disposición escénica y actitudinal: tocan mirándose entre sí, con la soltura y la concentración de quien está en el vestuario o en el ensayo privado, pero expulsando un volumen y una densidad sonora que atraviesa a toda la sala.
La velada avanzó como una marea continua donde se alternaron pasajes cadenciosos con explosiones de pogo y ruido crudo:
- Atmósfera e instrumentación: Las capas de guitarra, el bajo martillante y el juego permanente de la pandereta y las percusiones construyeron una pared de sonido envolvente, llevando los temas del álbum 0% a terrenos mucho más extensos e hipnóticos.
- La conexión con el público: En la pista convivieron la escucha concentrada de los pasajes más lisérgicos con el choque físico de los tramos más acelerados.
- Complicidad de grupo: La comunicación entre los integrantes en el escenario dictó los ritmos de cada pasaje, estirando los finales y abriendo espacio a la improvisación.




La consolidación de un fenómeno propio
Con esta fecha, Winona Riders reafirmó su capacidad para convocar a un público transversal y exigente, ofreciendo una experiencia visceral donde la música es el único centro de gravedad. La presentación de 0% en Groove no solo cerró su agenda porteña del año, sino que dejó en claro que la banda atraviesa uno de sus momentos más sólidos y creativos.



Fotografía por Facundo Mut @ByMut.Ph
