Catupecu Machu cerró el año con una noche profundamente emotiva en el Teatro Ópera. El recorrido musical estuvo cargado de clásicos: casi una docena de canciones que hicieron vibrar la sala de principio a fin, con un público entregado que respondió pogo tras pogo, convirtiendo la velada en un compromiso colectivo con la memoria, la energía y el rock.





El show abrió con “Secretos pasadizos” y avanzó sin respiro por “Y lo que quiero es que pises sin el suelo” y “Plan B: anhelo de satisfacción”, marcando desde temprano un clima de calor y manija total. La sorpresa llegó con “Perfectos cromosomas”, enlazada con “Es todo lo que tengo y es todo lo que hay” de Lisandro Aristimuño, una fusión que dejó al público con ganas de más.
Clásicos como “Héroes anónimos”, “Entero o a pedazos” y “Grandes esperanzas” reafirmaron la potencia de una banda que sigue diciendo mucho desde la emoción más cruda. Más adelante, “En los sueños” se convirtió en el momento más conmovedor de la noche: una dedicatoria a los hermanos de Fer y un Teatro Ópera completamente rendido, con aplausos al cielo. Un instante a flor de piel que atravesó a todos los presentes y dejó en claro que la música también es refugio.
La lista se alteró para dar lugar a “Magia Veneno”, otro clásico que fue cantado más por un coro compartido que por la propia banda. El cierre con “Origen extremo”, “Dale” y “A veces vuelvo” terminó de sellar una noche inolvidable. La banda jugó con la energía de la gente, buscando llevarla al punto más alto, y lo logró.




Una ovación enorme despidió con amor a Fer, un hombre fuerte que supo demostrarnos todo su sentir, acompañado por el Vikingo en batería y Charlie en bajo. La presencia de Cristi y Gaby, siempre latente entre los presentes, sumó un peso extra a un show cargado de emociones.
Escribe Valentina Ebra
PH Yoel Alderisi












