Crónica por Ariel Ebra
Fotografía por Romina Terrier
El pasado sábado 19 de marzo, Lisandro Aristimuño tocó en el Coliseo Podestá con localidades agotadas.

Aristimuño brindó su show llamado «Set 1», en el cuál el se encargó de tocar guitarras y las programaciones que iba haciendo en directo. Solo hubo dos invitados: Mato Ruiz en saxo ( en Blue) y Rocío Aristimuño en zapateo percusión ( en How Long)
Y el recital fue una oda a la libertad y el amor. A la independencia musical y artística. Lisandro interactuo con el público toda la noche, ya sea agradeciendo por ir a verlo, haciendo chistes o hasta bajando del escenario a cantar.

También hubo dedicatorias ( Green lover a las madres de plaza de mayo y Hojas de camino al papá). Precisamente en “Hojas” contó la anécdota de cómo el papá siempre le pidió que le haga una canción hasta que finalmente la compuso, aclarando lo genuina de las creaciones que el realiza, sabiendo que la inspiración no es algo que busca sino que aparece y ahí va confeccionado sus obras.

Fueron más de una docena de canciones, repasando toda su discografia y creando un clima entre intimista pero también electrónico debido a los loops que iba confeccionado según la canción que tocara. También el cantante nacido en Viedma aprovechó para tocar temas de su más reciente trabajo Criptograma.

El show fue una experiencia sonora y audiovisual ya que las luces también jugaron un rol fundamental. Los temas de alguna manera se iban armando en tiempo real y su duración se extendía en el tiempo, dependiendo de los elementos que se iban sumando, pudiendo ser una amalgama de voces o loop de baterías u otros matices que robustecían las canciones.

El final fue con «Canción de amor» y no fue casual ya que quedó flotando en todo el teatro en mensaje cifrado en la última palabra que cantó Aristimuño: amor. Amor entendido como supervivencia supervivencia a estos tiempos que corren, de guerra e incertidumbre pero también con noches de canciones y comunión con el público como la brindada por él.