Ya casi se va abril. El otoño va y viene y el país sufre una crisis brutal que se refleja en recortes a la ciencia, la educación y los salarios. Pero la resistencia se va gestando: la gente se suma a protestas, los jubilados marchan todos los miércoles, los universitarios hacen marchas de antorchas y prometen movilización federal. Y más, mucho más.
Camionero no es ajeno al tiempo que le toca. Como dice una gran bandera que se despliega en sus shows: “Parecemos dos, pero somos muchos”. Es que, en efecto, Joan en voz y guitarra y Santiago en batería son un dúo, pero lo que rodea al grupo es una gran parafernalia de devotos: el “acoplado”, emprendedores que acompañan sus presentaciones ofreciendo productos hechos con sus propias manos. La “rueda de auxilio” propone ser el brazo solidario que suma alimentos y voluntades para ayudar a los más necesitados.
Camionero agotó Ciudad de Gatos y no fue una sorpresa. La banda juega de local en la ciudad y tiende lazos con su público, y también con artistas emblemáticos como Tomás Vilches, de la legendaria Patrulla Espacial.
Y entonces el show es energía, es pogo y manija. Porque los seguidores saben que la banda crece y no tiene techo. Porque falta poco para que salga el nuevo disco y ya hay una fecha de presentación agotada en el Teatro de Flores y otra más en camino.
“Música blues de rocanrol”, dicen en “Un poco más de consideración”, tema con el que empezaron el viaje en La Plata. Fueron 23 canciones, en una noche donde hubo lugar para que Tomás Vilches se subiera a hacer “El perfume” y “Carretera perdida”, de La Patrulla Espacial.
El cierre fue a toda velocidad con “Genio del Abasto” / “Guerrero atípico” / “Lo hago mal, me siento bien” / “El español”. Diabólico cierre para una banda que une el rocanrol, la autogestión y ese entramado colectivo y solidario que no abunda en estos tiempos crueles.













