Martes pandémico. Tan solo unos minutos después de las 19.00 el Gitano pregunta: «¿Cómo era?».«Trucu, tacu», le responde Zuccarelli, riéndose mientras acompaña gestualmente desde la batería con golpes al aire.

Un cuarto de compás fue suficiente para terminar con la paz que se respiró en el barrio Monasterio durante los últimos diez meses. Es que Bort retornó a su sala y el pulmón de manzana volvió a vibrar como si el tiempo nunca hubiese transcurrido.

El ensayo de este power trío platense —formado por Elías Stohge en voz y violas, Fernando Gambaleri (el Gitano), en voz y bajo y Martín Zuccarelli en batería y coros—, arrancó sin muchos preámbulos ni introducciones con Eneas. Es que cuando el tiempo apremia —y el reviente perteneció a otras épocas—, el encuentro pasa más por la música en sí misma que por la liturgia de juntarse a derrapar.

La sala de los Bort huele a mil historias. Se juntan en el Estudio La Marca —rincón que le pertenece a Martín Zuccarelli y por el que han pasado decenas de músicos de la ciudad—, pero los beneficios de tener un lugar propio no los deja fuera de los típicos conflictos por los que atraviesa la mayoría de las bandas, de modo que los integrantes se rigen al arreglo acordado con los vecinos para mantener la paz, así como debieron ajustarse al protocolo sanitario para poder volver a reunirse.

«No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar», cuenta Elías notoriamente emocionado. «Fue raro volver a estar juntos… En muchos sentidos se percibió como si el tiempo no hubiese pasado», rescata el Gitano al describir lo que surgió después de terminar la segunda canción.

Aunque cumplieron con encuentros por separado para avanzar en lo que va a ser Valhalla, el tercer disco de la banda —material que fueron a grabar en febrero de 2020 a Córdoba, en los estudios Sonorámica, y se encuentran terminando en La Marca—, decidieron frenar los ensayos para acatar las restricciones sanitarias impuestas por el Gobierno nacional en el marco de la pandemia que afecta al mundo entero hasta enero de este año, cuando decidieron volver al ruedo.

Para cada canción hay un chiste, para cada estribillo una palabra que reemplaza a otra y para cada letra un apuntador que —tal como lo haría un profesional en la ópera—, está atento para guiar con una mímica exagerada las palabras que los olvidadizos cantantes pasan por alto.

«Yo te acompaño… ¡Mirá que si te vas vos, nos vamos juntos a cualquier lado!», dice el Gitano haciéndole notar a Elías que le lee los labios mientras intenta figurarse a dónde está parado —y si bien se ríen de la falta de memoria, juran que en los vivos se produce la magia y las letras suelen aparecen en su lugar. Entonces, en medio de un sincericidio, Elías asumió que «en Naufragando, por ejemplo, yo siempre tiro cualquiera y Martín, no sé cómo hace, pero hace los coros que yo hago».

Después de repasar algunos temas de sus producciones anteriores llegó el momento de tocar Valhalla, canción que dará nombre al material que esperan poder lanzar en marzo.

Elías sale como expulsado con un paso atrás al tocar la última nota y vuelve emocionado al micrófono para sacudir la cabeza. «¡Me puso la piel de gallina! », dice al mostrar su antebrazo. Y mientras recibe el mate que tenía designado para uso personal cuenta que «es muy difícil montar todo por primera vez». Es que los Bort componen por maquetas y una vez que tienen el material grabado se juntan a ver cómo van a hacer para reproducirlo.

«Hay muchos temas que grabamos sin haberlos tocado… en realidad todos menos Bagdad —dice Martín entre risas—, o sea, Elías armó la maqueta, yo grabé la bata, después el bajo y las voces y así… pero nunca los tocamos… ésta es la primera vez que lo hacemos juntos».

«¡Che! ¡Qué buena que queda!», dice Elías asombrado. «La parte del medio te aplana el orto… ¡Te aplana la curva!», remata —en fuerte tono irónico respecto al COVID y sus estadísticas diarias—, mientras todos estallan en una carcajada.

«Está buenísimo el tema», reafirma el gitano con el bajo colgando y las manos en la cadera. Están sorprendidos de sus propias canciones. Después de diez meses la banda sigue siendo la misma aplanadora de siempre y las nuevas canciones suenan increíblemente gordas.

El tiempo se acaba, controlan los minutos y deciden probar por primera vez Insurgentes. Hay algo en esa canción. La sala se encendió como si estuvieran tocando en vivo. La energía cambió automáticamente y se produjo una fusión especial entre los músicos.

Puede que, como dicen ellos mismos, los Bort sean un poco desalineados en sus métodos, pero es indiscutible que llevan en su genética una fuerza arrolladora. No precisan trajes ni escenografía para sacudirte con la voracidad del sonido que generan.

Quedan ganas de más. Demasiada energía como para que se acabe así, tan repentinamente. Lo cierto es que mientras guardaban los instrumentos Martín dijo «tocamos mal pero no sabés qué rápido que desarmamos!» y las risas volvieron a ganarse la sala. «Esta es la parte que más nos gusta», dijo el Gitano mientras comienza a contar cómo le había pegado la cuarentena y cómo se sentía al tocar después de tanto tiempo.

«Si te tengo que decir la verdad, me divido y el 90% está disfrutando de tocar con ustedes, el otro 10 está cagado de contagiarse… pero no es que extrañaba ensayar», dice el Gitano. «Pasa que ensayar nunca fue un hábito para nosotros… nosotros lo hacemos para los shows, muchas veces venimos y nos colgamos para conversar… El año pasado debemos haber ensayado quince veces, como mucho», concluye Martín. «La banda se armó para pasarla bien, no para pegarla, entonces es como que estamos cumpliendo el objetivo», agregó al explicar por qué no tienen como religión el ensayo semanal.

«Yo extrañaba», dijo Elías mientras comía uno de los buñuelos que aparecieron para acompañar el mate haciendo frente a las burlas del resto. « ¡Sí! ¡Extrañaba!. Lo que pasa es que tenemos mucha química los tres juntos...Nosotros podemos matarnos por mil boludeces …por cambiar una canción, porque uno no puede venir a ensayar o porque uno está con cara de orto, o cosas así… pero siempre cuando nos juntamos nos olvidamos».

«Llegamos a este punto por todas las experiencias que hemos tenido, las positivas y las negativas también… Definitivamente tiene que ver con la edad», dice el Gitano al afirmar que después de tantas bandas uno ya aprendió a realizar el famoso mea culpa y a buscarle la vuelta. Y que el hecho de no correr detrás de la fama o el reconocimiento como objetivo principal les ha permitido atravesar estos años para reafirmar la relación que tienen y llevándolos al punto en el que están «enamorados de la banda –dijo Elías—, para mí, la mejor que tuve. Lo que siento con Bort no lo experimenté alguna vez».

Ya en la oscuridad del patio, mientras cerraban todo, se escuchó rematar: «lo que me gusta de las canciones es que son simples pero súper agresivas, son una trompada…». Y así finalizó el encuentro, con la charla de los coros que canta Martín, esos que le salen tan buenos que Elías se cuelga escuchándolos cuando están en el escenario y que hasta por momentos lo deja cantando solo «así —levantando las manos—, para «que cante la people».



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