Por: Ariel Ebra

Pearl Jam empieza su nuevo disco “Gigaton“ a  todo vapor con “Who ever said“ , melodioso y rockero, denota el pulso del disco: fuerte y maduro, con letras desafiantes, con la bronca de Vedder intacta “ Quién dijo que todo está dicho? Renunciamos  a  nuestra satisfacción “. En “Superblood wolfmoon“ siguen las canciones con melodía pegajosa y letra áspera  “Esta vida que amo va demasiado rápido“ y Pearl Jam suena compacto, repartiendo solos de guitarra y estribillos.

En “Dance of the clairvoyants“ hay un ritmo casi bailable mientras Eddie Vedder habla de una verdad cotidiana de sueños y frustraciones para repetir “Cuando cada mañana es lo mismo que antes".

Lo que sigue es “Quick escape“ una canción de huida y melancolía “ oh y pensamos en los viejos tiempos, de hierba verde, cielo y vino. Debería haberlo sabido, tan frágil “, para luego sentar un tinte político que recorre la obra “Crucé la frontera de Cachemira y luego Marrakech, fueron las distancias que tuvimos que recorrer para encontrar un lugar que Trump aún no había jodido".  La banda sigue regalando piezas donde nunca faltan solos de guitarra distorsionados, bien al frente.

Para “Alright “, Pearl Jam baja los decibeles, hay unas teclas y la voz de Vedder al frente. El tema se entrelaza con otro que también establece un clima más tranquilo: “Seven o' clock" . La banda apuesta en éste tramo del disco a buscar un contrapunto con aquellas canciones fuertes del inicio.

La calma se va y aparece “Never destination" donde se pinta un aire pacifista  y un claro mensaje ecologista, donde se habla de que “Ningún hombre puede ser más grande que la suma del todo".

En el tramo final encontramos canciones como  “Buckle up" y “ Come then goes” , donde se aprecia un tono intimista que desemboca en “River Cross" , un tema cuyo teclado al frente lo transforma en una letania política que denuncia “ Mientras el gobierno prospera con descontento, el proselitismo y ganancias".

Pearl Jam edita un disco luego de siete años y ofrece canciones bien rockeras y también otras más tranquilas. Las letras siguen siendo aguerridas, de lucha contra un mundo que se debate entre la desigualdad y el privilegio de pocos, azotado por una pandemia que crece y asusta.