"Sí, el vértigo me gusta mucho, por eso vuelo aviones, me siento libre en el aire, es el medio que elijo o prefiero, para estar concentrado y pensar, cuando navego..." Además de ser piloto, me dedico a "pescar" historias de rock, extrañas…  (en lo posible, primicias), para transmitirlas a los demás, a través de la escritura… o de canciones… "

 

"Lo que hace que seamos un clásico no es precisamente que seamos elogiados y disecados, por especialistas en la materia, en la mesa de operaciones, sino, que un gran número de seguidores, generación tras generación, hayan encontrado placer y un espiritual provecho, al escucharnos… "

Julián Ibarrolaza, Octubre del 2019.


Me llamo Moreno, me gusta el tabaco en Pipa, saborear el humo mientras escucho a Chet Baker, me gustan los libros y el cine japonés, los bares y la voz de Tom Waits, pero lo que más me gusta es escribir… y volar…” ya lo había dicho no?

Aquella tarde me dieron un dato, bastante atípico para una vieja banda de rock,  fue a metros de la Plaza Italia, de la feria hippie, quise ir a corroborar la información recibida, esa misma noche.

Conocí a Julián un Invierno de 1991, lo encontré en una helada noche platense, embutido en su campera de cuero, estaba  callado, mientras tomaba de la botella, su bebida de alta graduación alcohólica.

Aquella noche conversamos… y desde entonces sigue sin cumplir su promesa, la de darme una primicia de Embajada Boliviana, la banda que desde hace tantos años viene dando novedades, sin explicar ni contar los porque…como la separación del 2.000… (justo en su mejor momento) o el problema de salud de Julián de 2010, (que tampoco estaba tan claro…) y ni hablar de eso de los formatos…los acústicos y eléctricos; los regresos, los discos dobles…etc.

Todo esto sin yo estar al tanto de nada… a pesar de aquella promesa…y que por estar entre colegas, me sentía un poco traicionado… y ahora esto… de darle noticia a un desconocido y misterioso periodista.  Estaba decidido a aventurarme e ir esa misma noche a la casona donde se juntaría la banda, y presentarme con la excusa de verlo directamente a Julián, por un tema personal.

La edificación antigua, lóbrega, descuidada, enorme, respiraba en la penumbra como una catedral sumergida, esta vez no de Debussy, sino de Joey, Johnny y  los fantasmas escapados del cementerio del rock n roll, (donde dejaron todo abierto y Cobain charla con Luca). Aquella fortaleza era como un inmenso imán, dentro  un cónclave me esperaba, yo presentía que me esperaban,  aunque sin haber sido invitado.

El dato me lo había pasado un mozo del Bar del gordo, uno que andaba siempre con ellos, que se hacía el distraído con la cuenta y les dejaba pasar  más de una cerveza  sin pagar en tiempos pretéritos.  Hablando de costado y sin mirarme, como se dicen las cosas importantes y confidenciales,  me habló de una reunión, un supuesto artículo para un medio especializado…

Con gran dificultad pude dar al fin con la dirección, en una noche cerrada y tormentosa, iluminada  su misma opacidad, cada tanto, por algún relámpago, que primero era luz y luego explosión, partiendo en dos,  el firmamento entero.

Llamé a la puerta de madera, y me atendieron…  inmediatamente, pregunté por Julián…

Clem Burke, soy el de los parches…

Así se presentó, el nuevo baterista de Embajada Boliviana, con un pucho en la boca y una campera verde como si llegara recién de la guerra. Estos tipos siempre rodeados de personajes extraños, pensé para mí.  Claro, ellos son raros. Con el mismo mozo del bar del gordo, conversando alguna vez sobre la banda, le conté que en una ciudad del sur había visto a un hombre recontra flaco con grandes protectores en los oídos corriendo por la calle, y que un taxista me había dicho: Ese que va corriendo ahí, es Julíán de Embajada Boliviana! Traté de  seguirlo pero no lo alcancé. No conseguí más información esa vuelta. Yo referí  la anécdota asombrado por  la excentricidad, pero el mozo mientras trapeaba el mostrador y apoyaba mi whisky sin hielo, me tiró al pasar: Igual ojo, mirá que así como los ves, esos pibes no son ningunos loquitos…

Clem Burke me dijo que Julián no estaba, le expliqué que lo conocía de muchos años…  y que lo buscaba por un tema personal… desde atrás la voz del Cabeza asintió:

  • Dejalo pasar, es cierto, es conocido de la banda…

Esa venia del Cabeza me tranquilizó un poco, sabía que franquear la puerta, y con ella la intimidad con la que desde antaño se había manejado la banda, era lo más difícil. Sin embargo toda la atmósfera tenía algo inquietante, el olor a alcohol y cigarrillo de presumibles noches sin dormir, libros en el suelo y dibujos hechos a lápiz en las paredes ( más tarde me enteraría que eran de la mano del mismísimo Clem Burke), y la dulzona melodía de un tango del 40, componían un cuadro bello y lisérgico que… En un instante pensé que había muerto y que ese era el círculo del infierno del Dante que me había tocado en suerte. Quién sabe, amor, amor, amor eterno, amor, amor en el infierno, cantó alguna vez Julián en un disco.

 Juan, esa joven promesa  cumplida  del rock que ahora era el cantante de los temas eléctricos, acompañado de un pianista con anteojos de pasta a lo Bill Evans, (se referían a él con el sobrenombre de mi abuelo italiano, “el Chicho”, o el  “ Ciccio”) seguían con el tango y cada tanto frenaban y se hacían un chiste o buscaban alguna nota de tecla en tecla, con sendos vasos de cognac vibrando arriba del mueble del piano, afinado por última vez para un concierto de Blas Parera.

Sentado sobre el brazo de un sillón imperial, Mario, también llamado niño Mario por el pianista (ahora recordaba haberlo visto en conciertos de Embajada en los teclados, gorrita, anteojos), jugueteaba con una hermosa Fender blanca, esta sí, pulcramente afinada, al menos para mis oídos. Mario improvisaba arpegios con esa vocación obstinada por los sonidos mínimos, medio folk, que daba vueltas constantemente en la música acústica de Embajada Boliviana.

Y sí, era cierto, Julián no estaba… Nadie más me  preguntó qué hacía allí, o a que había ido…, me sirvieron whisky, trajeron la botella a mi lado, que estaba por la mitad… y  algo para fumar.

 Cuando mis ojos se acostumbraron a esa tiniebla, vi que una de las paredes era una biblioteca repleta de clásicos, Edgard Allan Poe, Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges, Jorge Ramos… en fin estaban todos… Me pregunté si eran aficionados a la literatura o si los volúmenes  sólo eran parte de una escenografía, sin embargo cuando miré hacia un costado divisé un tocadiscos con varios vinilos alrededor que no podían ser sino piezas del rompecabezas general de estos locos, (ningunos loquitos, había dicho el mozo). Allí asomaba la saga épica de Ramones: Road to Ruin, End of the century, Subterranean jungle,  Pleasent dreams…Más allá, un  Voodoo Lounge de los Stones... sí que les gusta la música a estos tipos!  Y ahí, pidiendo permiso, pero también sacando pecho, el único vinilo que me hubiese robado esa noche: una edición de luxe de Soñando locuras.

Un cuadro de Los Ramones en una punta oscura, indicaba la escalera al sótano, y una foto que nunca había visto, clavada con una chinche, capturaba un abrazo entre Sabina y Calamaro, riéndose… posando como poetas malditos, embriagados de canciones y algo más…

De ese sótano que se evidenciaba subió un personaje curioso, que me presentaron como “un cuentista que narra lo que nos pasa”…, traté de disimular mi enojo, seguramente sin éxito,  porque la situación me parecía injusta. Yo había escrito notas sobre ellos, críticas de sus discos… ¿No había hecho méritos suficientes para convertirme un día en el biógrafo de Julián? Claro que para eso hubiese tenido que atar unos cuantos cabos sueltos. ¿Cómo iba a contar su vida si incluso hoy, al final, había venido a testimoniar su ausencia?  Caí en que eso era parte de la gracia, que  en el fondo a mí lo que me gustaba era develar misterios, asomarme al flanco oculto de las cosas,  al conjuro del  insondable dark side of the moon. Sí, eso era. Julián era eso con su música: el doctor Jekyll y Mister Hyde.

Este tipo, el periodista, tenía rasgos tan familiares, lo conocía de algún lado, pero no lo podía sacar… ¿Dónde laburaba?  ¿Un free lance oportunista que creía haber descubierto la pólvora del punk?  Me llamaron la atención sus gafas ahumadas y que se dirigiera a los demás con un aire más cercano a Lou Reed que a un reportero. Porque es así, para escribir la mejor nota tenés que ir con el cuchillo entre los dientes, por más amigo que sea uno, el periodista de raza es tiburón de las letras, huele la sangre.

 Se acercó a una mesa baja de madera que se encontraba  cerca de las bebidas, me miró, luego lo miró al Cabeza y le preguntó:   ¿Estás listo?  El Cabeza asintió con un gesto lento pero inconfundible, era un sí…

Entonces le preguntó:

¿Qué significa  EMBAJADA BOLIVIANA en tu vida?

Embajada Boliviana es una parte de mi vida de la cual nunca voy a poder despegarme. Desde el momento mismo en que formé la banda lo tome así, para siempre. Creo que hace 30 años en los que todos los días pienso en EB. Con la banda pasé momentos hermosos y otros no tanto. Me quedo siempre con los buenos momentos. 

Me metí de arrebato, pedí más bebida y le pregunté al Cabeza: 

¿Cómo te sienta el hecho de ser uno de los bajistas más emblemáticos de la Argentina? Y ¿Qué opinión musical y extra-musical podes darnos del flamante disco "Ningunos Loquitos"?

Es una definición muy fuerte, me cuesta tomarlo así y no es falsa modestia. Creo sí, que con Embajada hicimos, al menos en la ciudad de La Plata, lo que Los Ramones en E.E.U.U. e Inglaterra. Fuimos pioneros e influenciamos a los jóvenes, los motivamos a hacer música, a animarse. Nunca me sentí un bajista emblemático, pero si es así para alguien, me llena de alegría y orgullo.

Principalmente creo que Ningunos Loquitos es un gran disco. Muy dinámico, se lo puede escuchar de principio a fin sin aburrirse. Eso para mí es muy importante.  Tanto en la parte eléctrica como en la acústica tiene un sonido muy logrado. Tiene grandes canciones. Mi favorita es “MI DULCE MELODIA” por producción, sonido y melodía, es la canción más Ramonera alguna vez grabada en Argentina.

 “EN UNA ESQUINA” es un tema acústico con un swing notable y una letra aún mejor, que nos hace volver el tiempo atrás y llenarnos de nostalgias y lindos recuerdos. El disco va creciendo, de principio a fin se va poniendo cada vez más lindo. Repito, es un gran disco.

Dejamos la sangre en la arena, espero que nuestros seguidores lo escuchen, y que les guste.

El personaje del sótano me miró y me calló con su mirada,  ahora sin gafas … y prosiguió preguntando:

¿Cómo es tocar con tu hermano Juan? Y ¿Que expectativas tienes de la gira por México?

Realmente, no lo vivo como algo especial. Cuando decidimos volver con este formato yo no quería cantar, no es lo mío. Cada uno en lo suyo. Recuerdo que una vez fui a verlo con su proyecto y me sorprendió su potencia al cantar, pensé en él,  para que se haga cargo de la voz en el nuevo formato. Era una empresa difícil, para él y para todos. Se necesitaba gente noble y con huevos, que no te falle. Y cumplió. 

Artísticamente le aportó vitalidad a la banda, se maneja muy bien en el escenario y ahora que está tocando la guitarra, también lo hace muy bien. Tiene un gran compromiso con EB. Eso no tiene precio en una banda de rock.

Siento que la gira es un premio, un premio a la perseverancia y al esfuerzo. Tengo una gran expectativa, desde hace años porque mucha gente escribe demostrándonos gran afecto desde tierras Aztecas. Va a ser muy excitante pasar diez días a puro rock en México. No me cabe duda que será una experiencia inolvidable.

Ya tocado por la bebida, dije con vos firme, ahora sigo yo, pedí un Ron y me adueñé del reportaje. Había estado años esperando la oportunidad de conversar mano a mano con esa mezcla de cacique patagónico y noble europeo que me parecía en ese momento el Cabeza, detrás de sus volutas de humo. Las notas de su bajo me resonaban en el cerebro, y estuve a punto de bloquearme, pero apuré un trago y pregunté:

Cabe: ¿Que música te influenció? Y ¿Que significó en tu vida tocar con DeeDee Ramone y ser amigo suyo en Argentina? ¿Cómo era él? y ¿por qué crees que confió en vos?

Como dije antes, en mi casa siempre hubo música. Folklore (Los fronterizos- Los cantores del alba) tango, mucho tango. Creo igualmente que lo que me abrió la puerta al rock fue la música del 60. Escuchar con mi viejo el programa de Mochin Marafiotti era una bendición. Neil Sedaka, Palito Ortega, Paul Anka y muchísimos otros hicieron que mi oreja se vaya preparando para el plato fuerte, Los Ramones, no sé cómo describir lo que su música y su imagen hicieron en mí. Vivo pensando en hacer discos como los de ellos. No me cabe duda que son la mejor banda de rock de la historia, por “afano” y sin dudas mi mayor influencia.

Fue mágico, algo que nadie puede creer que le pase, y me paso a mí. Mi tío Carlos era vecino de la casa a donde el paraba, la de sus suegros. Tuve un poco de suerte. Me organizó una cita. Antes de verlo a él,  hablé con Gustavo, el padre de Bárbara. Me dio indicaciones de cómo debía comportarme para que no “se pudra todo”. DeeDee, tal cual él se describía, era una bomba de tiempo. Seguí todos los pedidos al pie de la letra, no fallaba en nada. Bárbara se portó de maravillas conmigo, era la traductora constante. Tuve el primer encuentro y enseguida me invitó a cenar, comimos espárragos y pizza con salame. Al otro día Bárbara llamo a mi trabajo para decirme que vaya, que DeeDee quería verme. Comenzamos una amistad, así me lo dijo él. Yo no lo podía creer. Le gustaba que lo pase a buscar y salir a recorrer la ciudad en auto. Escuchábamos Herman Hermints. Le preguntaba cosas acerca de Los Ramones. Me contó que Sheena era un tema de Joey, que Johnny y Joey no se hablaban (no me dijo, ni le pregunte por qué) ,  me dijo que Joey estaba muy enfermo y que no se cuidaba, entre otras cosas, de tantas que me contaba. Cada tanto soltaba un “Poor DeeDee” (pobre DeeDee).  Le gustaba dibujar y practicar karate. Su ídolo era Bruce Lee, decía que se parecía a él. Quería salir a la calle con ese palo largo que usan los karatecas, por si lo querían robar. Yo me reía y le decía que no, que no era necesario. En esa época vivía con mis viejos y vino a casa a comer un asado o barbacoa como él le decía. La pasamos de diez.

Me dijo de formar una banda, yo propuse a Matu de baterista. Así que fuimos a nuestra sala de ensayo, que era el garage de la casa de Matu a ensayar. Bárbara tocaba el bajo, DeeDee tocaba la viola, Matu la batería y yo cantaba. Hacíamos todos temas de Ramones, él se divertía conmigo, se reía de como imitaba a Joey con los “ OHOOOO” . A la banda la bautizó “DeeDeeGroup”. Hay algunas grabaciones que tiene Matu en su poder.

DeeDee era un bohemio total. Iba como el caracol con la casa a cuestas. Recuerdo que en mi casa vio unos posters que yo tenía y le pregunté por la campera, esa campera maravillosa que tenía en los años 70. Se puso un poco nostálgico  y Bárbara me contestó con un lacónico “ ...No tiene nada…” .  Era un genio, esos que el mundo nos da a cuentagotas. Fue maravilloso haberlo conocido. Y aprovecho para agradecer a Bárbara y a toda su familia el trato que tuvieron hacia mí. Siendo imprescindibles para que yo viva el momento indescriptible que viví junto a mi ídolo.

Se hizo un silencio largo… un silencio académico… yo me sentí dueño del reportaje. El misterioso cuentista fumaba, bebía y me miraba amigablemente, dándome su aceptación y total libertad para continuar solo…

Era el turno de Juan, le pregunté si estaba listo, y me contestó con gesto cortés…

  • Y qué otra me queda?
  • Entonces le pregunté:

¿Cómo llegaste a la banda? Y ¿Qué vínculos tienes con ellos?

Después de que Julián quedara imposibilitado para cantar exponiéndose a sonidos fuertes, el Cabeza me hace la propuesta de ir como invitado para ser la voz en la parte eléctrica en una serie de shows que se iban a realizar en el año 2014.

El Cabeza (Emiliano Elso) es mi hermano mayor. Al resto de los chicos los conocí como amigos de mi hermano y con el correr de los años pasamos a ser todos, parte de un mismo grupo de amigos.

¿Cuándo los escuchaste por primera vez? Y ¿Cómo vivís un show de EB?

No tengo una certeza de la fecha, calculo que fue en el año ´92 ensayando en el garaje de mi casa, yo con 8 años, ellos 17, 18. Ningún show lo vivo de la misma manera, en mí las sensaciones varían con respecto al lugar, el horario, el día etc…

En un día óptimo, cuando se alinean todos los planetas y está el mundo y mis problemas en paz y sincronía con la armonía del universo (aunque suene exagerado es bastante frecuente) terminar un show en un día así es lo más parecido a la gloria, calculo yo, a lo que sintió Maradona cuando levantó la copa en el Azteca, es tirar el último acorde, la última frase y ver la cara de los que están abajo gozándolo de la misma manera que lo estamos haciendo nosotros y sentir el placer de haberlo hecho bien, el fruto del laburo y el esfuerzo se ve ahí… Claro que no es fútbol, no es una final y esto no termina ahí, pero esos minutos después de un buen show son de las cosas más placenteras, estimulantes y reconfortantes que puede haber  y lo bueno es que en un show donde las cosas no se dan así  no hay que padecer lo proporcionalmente contrario a lo que acabo de describir sino que simplemente es un show atípico y ahí termina.

¿Cómo es salir a la ruta? Y ¿Qué creés que depara México y que expectativas tenés  de la gira por México?

Un viaje de egresados, ¿ Existe algo mejor? NdR: Juan  no fue de  viaje de egresados.

Con todo lo que vi durante años a través de las redes, no espero de la gente más que cariño, respeto y tequila…  las expectativas son enormes, ojalá sean todos shows a sala llena y con toda la identidad de EB.

¿Cómo podrías describir el nuevo disco de la banda próximo a salir titulado ¨Ningunos loquitos¨?

 

Un discazo! Maduro, bien trabajado, con buenas canciones, letras y melodías. Creo que en las once canciones confluyen todas las etapas de Embajada boliviana, melodías alegres, duras, melancolía, amor y un nuevo sonido.

¿Qué recuerdos tenés del Cabe y de Juli cuando paraban en la casa de tus viejos?

Un recuerdo grato, de conocimiento, muy familiar, yo era muy chico y todo lo que hacían me generaba curiosidad, eran distintos, los escuchaba en la opinión de la gente, lo veía en otros chicos de su edad. Se me vienen a la cabeza cumpleaños, mi comunión y ellos estaban siempre, yo tenía muchas primas quizás por eso estaban siempre en las reuniones familiares.  Como sea, los recuerdos son los más lindos para mí, años de familia grande, grandes reuniones y ellos marcando el camino y musicalizando y moldeando mi niñez.  

Luego llegó el turno de Chicho, el tecladista y Pianista, que estaba tocando hacía tiempo en Embajada:

¿Cómo describirías artísticamente a EB?

Es un espacio creativo con muchas capas por descubrir.  Lo interesante de Embajada es lo que subyace al género punk y a la filiación Ramonera, es decir cómo se desarrolla una expresión genuina donde intervienen diferentes sonoridades.  Por ejemplo, nadie diría que es un grupo folclórico, sin embargo, desde el material más antiguo al más nuevo de la banda, es posible encontrar en los discos y en los recitales, alguna canción de raíz folclórica, lo cual indica el reconocimiento de un pasado colectivo, de una tradición que no es estática sino una memoria dinámica. Esa clase de desvíos del obvio núcleo punk rock, que están en una zona quizás subterránea, es lo que transforma a Embajada en un curioso y estimulante objeto artístico. Y así, se podrían analizar otros aspectos,  como las letras, a través de las cuales la pluma de Julián traza un camino de reflexión poética existencialista, donde lo cotidiano es una excusa, (así como lo es el paisaje en Atahualpa Yupanqui), para contar la tragedia del ser humano.

Los medios son instrumentos para la invención, y no al revés.  La poderosa melodía de cada canción, su coherencia formal, sus progresiones armónicas, etc. hacen que no sólo sea viable una versión acústica de Embajada sino que de ocurrírsele a alguien podría tener una versión sinfónica. En síntesis, lo punk no punk, la ruptura constante de estructuras, (realizada a veces de una forma sutil, casi con  elegancia pop), es lo que genera y regenera la inclasificable obra de Embajada Boliviana, persiguiendo quizás, cual Amadeus o Charlie Parker algún ideal de belleza, escondido en el fondo de una canción.

¿Cómo vivís el set acústico?

Lo vivo con mucho placer. La esencia de las canciones aparece despojada, y cada sonido es algo directo, sin mediación entre el intérprete y el público.  Verdaderamente el silencio también forma parte de la música, y el tiempo fluye de manera flexible, tan flexible como la respiración de cada frase.  Hay lugar para la improvisación, pasajes instrumentales donde cada uno aporta desde la creación espontánea un pequeño universo en clave de jam. Es por momentos profundo, una nota grave de piano puede ser el plafón para un susurro o para una modulación impactante de la voz, y en otro instante se vuelve lúdico con breves melodías que saltan de un instrumento a otro.

Es algo muy honesto, con una identidad muy fuerte, emotiva  y visceral. Cuando la música levanta vuelo, por razones algunas explicables y otras indescifrables, desde un acorde o una melodía uno puede llegar a sentir que no existe nada más.

¿Cómo es tocar con Julián y grabar un disco con él?

Es una experiencia intensa. Tocar con Julián requiere conocer su repertorio y su jungla musical, estar conectado de una forma muy particular para que funcione esa química indispensable en un hecho artístico colectivo. Su formación musical permite dialogar con distintas fuentes como el jazz y la música académica, y es muy abierto a las intervenciones en ese sentido. Se disfrutan mucho, tanto los conciertos como los ensayos, los debates por un arreglo, el humor delirante, todo.  Con decirte que las pruebas de sonido son en sí mismas un breve  e íntimo recital.

En cuanto a grabar, para mí ha sido uno de los aprendizajes más significativos en mi vida de músico. Participando de ese proceso dimensioné la estatura artística de este compositor.  Sabe lo que quiere, pero también es sensible a la construcción de la obra. Realmente nadie puede seguir el ritmo de principio a fin de Julián en la elaboración de un disco. Ese trabajo incesante, obsesivo, hace que el resultado sea de una calidad superior. Puede pedirte, o él mismo hacer decenas de tomas de ocho compases buscando la óptima, y rehacer la mezcla de un tema terminado porque algún detalle está fuera de plano. A veces pareciera que está totalmente loco, pero en realidad es el más cuerdo, lo que pasa es que va un paso adelantado al resto. Un diferente. Sabe sacar lo mejor de cada uno y correr los límites siempre hacia algo más elevado.

Compartir  extensas sesiones nocturnas de grabación, escuchar bocetos, correcciones  y realizaciones de primera mano,  ha sido muy enriquecedor para mí.

¿Cómo es salir de gira con la banda y que expectativas te genera la gira por México?

Y… nos parecemos bastante a un grupo de estudiantes  o  a un pequeño y alegre circo. En principio, algo muy divertido es que las giras son impredecibles. Podemos viajar en avión y dormir en hoteles cinco estrellas, o llegar empujando un auto por la ruta y dormir en un  hostel  todo  graffiteado, ser agasajados con un gran banquete o pelearle al road manager una docena de empanadas, y por supuesto, tocar en un sótano o en las más bellas salas con un sonido impecable. Pero siempre, siempre, conservamos en el ánimo el agradecimiento de estar haciendo música, de encontrarnos con otras personas que cantan las canciones y nos reconocen como parte de sus vidas, y todo eso a kilómetros de casa.  Es muy gratificante.

La gira por México me despierta una gran expectativa, sobre todo por llevar una música tan hecha por nosotros y mezclarnos con una tradición artística inmensamente rica como lo es la mexicana.

Nos estamos preparando con mucha seriedad y entusiasmo para que sea cada concierto de la gira una noche inolvidable.

¿Qué genera y que aporta en la banda el Cabe, como es él, musicalmente hablando?

El Cabe es una de las personas más educadas y leales que conozco.  Esto no es menor, porque entre sus aportes está el de timonear hombro a hombro con Julián los hilos musicales pero también la parte humana, que implica reconocer al otro y respetarlo. Conoce el género punk como pocos, y tiene una intuición muy fina para encontrar los planos y arreglos adecuados.  En escena es un líder nato, con un par de corcheas te marca el tempo de todo un tema, y tiene esa fibra que le transmite a la interpretación algo vibrante.

En sus composiciones hay una captura de lo que lo rodea que  hace tremendamente empáticas a sus canciones.  Tiene muy escuchadas músicas de diferentes épocas, lo cual creo yo lo hace brindar a la banda una cierta sofisticación en determinadas cosas como la elaboración  tímbrica.  Es como si tuviera  un gran archivo en la cabeza, y se da cuenta si en un estribillo va tal sonido de teclados de un equis disco de Ramones, o un piano Stone de tal década. Es un poco obsesivo, escucha cosas en los ensayos que sólo las escucha él, pero en general tiene razón.

Además de lo dicho, composición, conducción, interpretación, arreglo, el sonido de su bajo es el alma de la banda.



Tuve que hacer un alto, y pedir un vaso de Ron, a esa altura todos estábamos bebidos, lo encaré a Mario, es tu turno, Mario fumaba y se agarraba de su Fender, que no la había dejado sola, ni un segundo en toda la noche… Me dijo: - adelantesé nomás... entonces le pregunté:

¿Cómo llegaste a la banda?

En el año 2010 conocí a Julián en el Conservatorio de música Gilardo Gilardi, hasta ese momento no sabía que él era cantante de EB , conocía la banda, en el año 2001 llegó un cassette TDK  con canciones que causaron un gran impacto cuando las escuché, de esas canciones que las escuchás por primera vez y ya te gustan. Recuerdo estar en el patio de casa con mi primera guitarra eléctrica y un equipito tratando de sacar alguna canción de ese disco que era "Soñando Locuras"(esto lo deduje años más tarde). Un día en una clase en el Conservatorio, yo estaba sentado al lado de Juli, y en una charla, después de dos años de habernos conocido me dice, " Soy el cantante de Embajada Boliviana", mi sorpresa fue inmediata y me salió un espontáneo " Pero boludo !!! En mi casa había un cassette TDK con canciones de Embajada!!! Luego Julián me invitó a grabar en sus canciones como solista (año 2012), "A donde vas" fue la primera canción en la que participé con guitarra acústica. Luego en el disco " Algunos días sin música " en varias canciones. Y luego vino la propuesta de ser parte de la formación de Embajada Boliviana, lo que sería el Bloque Acústico.  (año 2014).

Teniendo en cuenta que sos el músico que más experiencia tiene en salir de gira con bandas. ¿Cómo es salir a la ruta con EB?

Salir a tocar a otras ciudades es una de las cosas que más me gusta. Y de las que más le agradezco a este oficio de la Música.  Cuando pasa tiempo de no salir se extraña. Con Embajada se suma que el gran compañerismo que hay, la empatía, que todos son grandes personas, grandes amigos. Y grandes Maestros! Disfruto mucho esos viajes, pasamos momentos muy buenos, a veces suelen suceder cosas imprevistas, como todo en la vida, ya que nada ni nadie es perfecto, pero son esas mismas cosas las que fortalecen nuestro vínculo y nos acercan y sensibilizan aún más. 

¿Cómo son los formatos acústico y eléctrico?

Para definirlo diría que es como el día y la noche. Son opuestos que se complementan. En el acústico se logran unas sutilezas a través de las dinámicas, los arreglos. Si bien ensayamos para lograr un show pulido, queda margen para el momento de la espontaneidad o la inspiración en el escenario. Julián es un gran líder que sabe plantarse frente a una multitud o un bar con 30 personas. Y nosotros lo seguimos mucho a él y tratamos de estar atentos al devenir artístico que ocurre mientras estamos tocando.
En el Eléctrico todo se deja en claro en los ensayos. Cada nota en su lugar. En este formato la banda muestra su esencia. El Cabe es el ideólogo artístico y coordina cada movimiento. Se deja mucha energía arriba del escenario.





La entrevista más importante de Embajada, había terminado, la gira por México en Noviembre y la salida de uno de los mejores discos de la banda, según sus músicos, eran el epicentro de la información que yo había presenciado y formulado, y ahora debía ordenar esas ideas y contarlas de la mejor manera posible… en ese momento cuando me estaba por retirar, Clem miró al periodista misterioso y luego me dijo,  él no va a poder salir, le dimos a usted la entrevista  para que nos haga el favor de darla a conocer, tan fiel como fue. Después de todo si  no hubiese venido, este reportaje no hubiera sido lo mismo.

Un tanto confundido por el alcohol y por la noche, guardé los escritos en el portafolio, y creí recordar  como en un juego de máscaras, un gesto de Julián en el rostro de ese reportero misterioso, que tal vez no saldría nunca de esa casa solitaria…por lo cual… Con Embajada las piezas nunca terminaban de encajar del todo.  Julián or not Julián, that is the fucking question.

Me fui rápidamente y no sé por qué sentí que mi viejo conocido había cumplido su promesa…

Cuando estaba saliendo, me quise morir cuando me di cuenta que me había faltado entrevistar a un músico… de repente ya en la puerta, sentí  una voz clara y contundente que me dijo:

Tocar la batería en EB para mí es un desafío, me tomó por sorpresa  y  me puso a conocer una banda que se me va revelando día a día. En lo que a mí respecta, requiere mucha concentración y firmeza. Mis sensaciones al tocar son variadas, ante todo, siento  una gran responsabilidad por lo que esto significa. Por otro lado, cada recital tiene su forma y energía  propias  y eso hace que sea intrigante, vertiginoso y que siempre quede alguna anécdota graciosa.

Los viajes con la banda son muy buenos, para mí particularmente, porque  lo interesante de viajar con gente que estoy conociendo, es que se genera un vínculo que fortalece.

Con respecto a la gira de México es un viaje que no esperaba. No soy de poner expectativas pero  una sería que sonemos contundentes y que guste, que nos podamos traer nuevas experiencias.  “ClemBurke”, baterista de Embajada Boliviana.

 

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Ya casi amaneciendo, llegué agitado al bar del gordo y le golpeé el vidrio para que me abriera. Atropellado por la emoción y la duermevela del alcohol le dije al mozo: tenías razón, no me vas a creer… todo lo que me pasó…

Me guiñó un ojo y me habló a media voz en un tono cómplice, mientras me acercaba el encendedor para darme fuego: Te dije, que estos pibes no eran ningunos loquitos.

Fotografìa: Lucía Leveratto. (www.facebook.com/Luchileveratto)
Historia inventada y realizada por Julián Ibarrolaza,  y escrita por Flavio Bernardi.
Diseño Web: Pablo Natario.